La historia comenzó con una hija de una larga historia, que lleva consigo el recuerdo de un pueblo desarraigado. Soy Shahd Okasha. En Dimra, el pueblo del que mi familia, Okasha, fue desplazada en el año de la Nakba, surgió la chispa de nuestra historia.
Fue un pequeño sueño, nacido en Madrid, cuyo pueblo se ha solidarizado con la causa palestina.
De ahí surgió la idea de Dimra: nombrar una herida que aún no ha sanado. Quería que fuera un puente entre lo que queda y lo que se ha perdido, buscando revivir un lugar que querían borrar, y un recuerdo narrado tanto a través del diseño como a través de la narrativa.
Aquí el diseño se convierte en una simple forma de resistencia.
Porque ser palestino significa llevar un legado de historias que intentaron borrar...
Y nuestra misión es devolverles la vida a esas historias.